Déjà vu ( o lo que viene siendo una rayada en toda regla ) 6 nov. 2007

Y no es por nada, pero la historia se vuelve a repetir. Un déjà vu social de los que pocas veces he vivido. Hace no demasiado tiempo incluí en este blog un post comentando la campaña del SVP por tierras suizas. Resumiendo: la derecha suiza diseñó una campaña en contra del aumento en los delitos cometidos por extranjeros (cosa que a todos nos gustaría evitar), la cual tuvo repercusión en gran parte de Europa (sí, esa Europa de la que también ellos forman parte). La simplicidad del diseño (ovejas blancas y ovejas negras) no dejaba lugar a duda de su significado implícito y explícito, vamos, que no había forma de verlo como una crítica constructiva.
Ayer por la noche, en una céntrica calle madrileña, varios carteles pegados en la fachada de un edificio abandonado llamaron mi atención. Ahí estaba mi déjà vu. El mismo cartel que había visto de camino a mi antigua casa en Berna ahora decora las calles de las cercanías de Argüelles.


No sé si pensar que encima de ser cortos, el grupo de marketing de Democracia Nacional no tiene imaginación ni para crear un campaña propia. Me pregunto si ahora el SVP denunciará a esta gente por temas de copyright. Aunque la verdad no me extrañaría ver al Herr Blocher hablando de las relaciones cordiales y fraternales entre la extrema derecha suiza y la española.

Y todo esto me suena a un encuentro en la pequeña estación francesa de Hendaya.

Sordos sociales 3 nov. 2007

Curioso estado, extraño sentimiento: la soledad. Desde siempre buscada, siempre temida. Como todo en esta vida, nunca en exceso es buena. Con cierta frecuencia se necesita tener espacio, disfrutar del silencio o del ruido que uno mismo produce. Y tener horas vacías. Pensar como disfrutar del tiempo.

En las mañanas de soledad buscada y encontrada, los recuerdos de esas personas que nos han permitido disfrutar del espacio solitario, se acercan con más fuerza. Una imagen se pasea frente a nosotros. Una respuesta graciosa a una pregunta inexistente, sólo escuchada entre las paredes de nuestra cabeza. Y no es locura. Es la nostalgia por compartir esa sensación de plenitud, ese lujo intermitente, con las personas que , aún viviendo dentro de nosotros, no les damos la oportunidad de salir hasta que el silencio existente nos obliga a escuchar lo nunca escuchado.

La soledad, hija del abandono, es harina de otro costal. Lacra de nuestros días, días en los que , aún rodeados de personas, desconocidos en su gran mayoría, un grito de auxilio no es más que otro ruido sumado al bullicio de la ciudad. ¿Y cómo ayudar a alguien cuando somos sordos sociales? .