La madriguera de conejo 24 nov. 2006

Suiza ofrece multitud de lugares donde perderse, pero el pasado fin de semana decidí perderme fuera de Suiza, exactamente en Bologna. Este fin de semana las becarias de la oficina de Berna nos desplazamos a distintos puntos de Europa: París, Milán y Bologna. Nunca había estado en Italia, cosa extraña, porque tampoco es un país que quede lejos de España y es un destino típico para viajes "Fin de curso". Pues bien, se suponía que en unas 6 horas aproximadamente podría arrivar a mi destino, pero realmente el viaje fue un poco más largo. Yo confiaba en la puntualidad de los trenes suizos, por eso supuse que 25 minutos de diferencia entre el tren Berna-Milán y el de Milán-Bologna sería más que suficiente. Pues la verdad no lo fue, porque el tren llegó 28 minutos tarde, el tiempo justo para que yo saliese corriendo del tren, y me dirigiese también al galope hacia donde se suponía me esperaba mi segundo tren. Pero no estaba esperándome, lo vi a lo lejos, y eso fue lo que más me jodió. Cogí el siguiente tren, pero como era mucho más lento, el viaje se alargó hasta casi las 12 de la noche.
Lo más gracioso: me encontré españoles en mi vagón (cosa poco especial), lo mejor de todo era que eran también de León (menuda casualidad!!!!) .
Al llegar a Bologna, Piero me estaba esperando en la estación con la cena: Pizza!!! ¡Qué raro!
Al día siguiente, ya sábado, Piero me enseñó su ciudad adoptiva (realmente es siciliano, pero que quede entre nosotros...). Tuvimos mala suerte, llovió y llovió durante todo el día pero aún así la ciudad me gustó. En días como aquel los soportales que hay por toda la ciudad, ayudan bastante a soportar la lluvia. Por cierto, el café italiano es demasiado fuerte, incluso el café con leche parece un café solo, ¿tendré que pasarme al café infantil?.
Esa noche nos fuimos a Módena con unos amigos, no me acordaba, pero es aquí donde nacen los Ferrari. La verdad, pensé que iba a ser más difícil pasar tantas horas seguidas escuchando italiano e intentando chapurrearlo, el alemán hace que el resto de los idiomas parezcan más asequibles, algo bueno tenía que tener.
Esa noche acabé en una casa okupa en medio del bosque, en una fiesta un poco rara, donde la gente bailaba ska italiano subida a las mesas, mientras, se proyectaba en la pared la película de "Alicia en el país de las maravillas", todo muy extraño...
El día siguiente, ya Domingo, decidimos subir a una monasterio que se encuentra en la parte alta de Bologna. No me acuerdo exactamente del nombre, perdón por mi memoria de pez. La cosa es que subimos andando y puedo prometer y prometo, que nunca había subido tantas escaleras seguidas, parecía que no acababan nunca...
Sobre las 7 salí de Bologna hacia Milán, en un tren que parecía se había contagiado de la puntualidad suiza. Sin más problema, llegamos a Berna sobre las 12 de la noche, el fin de semana había pasado muy rápido pero seguro que durante este año haremos muchas más visitas por tierras italianas.

Alien es Suizo 6 nov. 2006

Suiza, país montañoso por antonomasia, tranquilo, seguro. Queso, relojes y Heidi. Eso es todo lo que nos viene a la cabeza. Pues bien hay algo Made in Suiza que puede sorprender: ¿A quién le gustan las películas de Alien? Pues bien, el creador del "espacio" en el que se desarrollan las películas y el "angustiante" pasajero, es suizo. Se llama H.R.Giger e incluso existen dos cafés en el país totalmente ambientados con sus creaciones. Algo un poco rocambolesco. Aquí os dejo unos enlaces para que podáis ver a que me refiero.

La página del autor

Las cafeterías donde Alien se toma su cafelito a media tarde

Conociendo un poco más Suiza...

La ventaja de que Suiza sea un país pequeño es que en un par de horas puedes estar prácticamente en cualquiera de sus ciudades, es más, de punta a punta (lo que sería un viaje Ginebra-Zürich) no hay más de 4 horas en tren. Además , la frecuencia de los trenes es bastante alta, con lo que cualquier día libre puedes decidir en la propia estación, donde pasar la tarde. El único inconveniente es el precio del transporte, pero no todo podía ser de color de rosa.

El último fin de semana de Octubre, decidí ir a Zürich. Estaba en Berna visitándome un viejo amigo el cual conocí en mi Erasmus en Dinamarca (¡Ciao, Piero!) . Todos imaginamos Zürich como una ciudad repleta de bancos, oficinas de inversiones y fabricantes de relojes. Pues bien, no es todo como uno se lo imagina. La verdad es que me sorprendió la ciudad, aunque fuese un día nublado y que amenazaba lluvia, su zona antigua me encantó. Creo que nunca había visto un lago tan grande como el Zürisee ("El lago de Zürich") y supongo que en verano tener un lago como este en plena ciudad debe ser una auténtica maravilla, habrá que volver para entonces.



El día 1 de Noviembre, aunque en Berna no fuese día festivo, los españoles, por eso de las fiestas celebradas en tierras patrias, no tuvimos que trabajar. Aprovechando la ocasión y aunque el tiempo no acompañó, nos decidimos a visitar el pueblo de Gruyères. El nombre de este pueblo a todo el mundo le suena a queso. ¡Pues sí! En las cercanías de este pequeño pueblo es donde se fabrica el famoso queso Gruyère. La verdad es que el pueblo es bonito, pero lo que más me gustó fue la fondue que degustamos en un restaurante del lugar, del cual salimos oliendo a queso...


Mirad que monas que son aquí las fondues, con vaquita y todo...