Mostrando entradas con la etiqueta pensamientos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pensamientos. Mostrar todas las entradas

Menudo aniversario 15 ene 2009

Hace ya un año que no me da por escribir en este blog, lo que se dice abandonarlo, lo abandoné un poquito sin querer, sin premeditación ni alevosía. Durante el pasado 2008 me propuse escribir pequeñas reseñas de los viajes "profesionales" que me tocaban a lo largo del año, pero al final, entre unas cosas y otras todo quedó en agua de borrajas. Y es ahora, cuando la vida parece haberse asentado un poquito, que me he vuelto a acordar de él.
El cambio de título no sé muy bien a que vino, pero supongo que sería un día de estos molestos en los que un cambio así me haría sentir un poquito más importante. Puedo prometer y prometo que "Con piedras en los zapatos" no va a ser ni una bitácora ni un cuaderno de viaje, ni un "corta y pega" de cosas que todos podemos encontrar navegando por Internet (y mirad que escribo Internet con mayúsculas porque siempre me lo corrige la ayuda ortográfica...)
No tengo ni idea de cuanto seguís este blog, espero que seáis más de los que imagino, pero si alguno quiere participar de algún modo, estaría genial poder compartir la edición de este sitio y así hacerlo más interesante.
Sin otra me despido hasta el próximo "post", espero no fecharlo ya en el 2010...

Sordos sociales 3 nov 2007

Curioso estado, extraño sentimiento: la soledad. Desde siempre buscada, siempre temida. Como todo en esta vida, nunca en exceso es buena. Con cierta frecuencia se necesita tener espacio, disfrutar del silencio o del ruido que uno mismo produce. Y tener horas vacías. Pensar como disfrutar del tiempo.

En las mañanas de soledad buscada y encontrada, los recuerdos de esas personas que nos han permitido disfrutar del espacio solitario, se acercan con más fuerza. Una imagen se pasea frente a nosotros. Una respuesta graciosa a una pregunta inexistente, sólo escuchada entre las paredes de nuestra cabeza. Y no es locura. Es la nostalgia por compartir esa sensación de plenitud, ese lujo intermitente, con las personas que , aún viviendo dentro de nosotros, no les damos la oportunidad de salir hasta que el silencio existente nos obliga a escuchar lo nunca escuchado.

La soledad, hija del abandono, es harina de otro costal. Lacra de nuestros días, días en los que , aún rodeados de personas, desconocidos en su gran mayoría, un grito de auxilio no es más que otro ruido sumado al bullicio de la ciudad. ¿Y cómo ayudar a alguien cuando somos sordos sociales? .